El barbero real cuenta ante el sultán las desventuras de sus seis hermanos, mientras el sastre, el médico judío y el intendente confiesan su culpa por la muerte del jorobado — La Historia del Jorobado
Colección Historias · Capítulo V

La Historia del Jorobado

Por Juan José Montes Noriega · ≈ 3 min de lectura
Sección: El Escriba GlotónColección: Mis Noches de Desvelo con SchehrazadaGénero: Verso en prosa de un relato enmarcado

Llegada la noche, Schehrazada dijo al rey Schahriar: «¡Oh, rey afortunado! He sabido que…»

En la antigua China, el viento contaba historias de ventura y asombro. Un sastre afable y dichoso invitó a su mesa a un jorobado de figura pura. El hombre reía, danzaba y cantaba con alborozo, más una vil espina de pescado truncó de golpe su gozo. Temiendo el castigo de la justicia por tan fortuito suceso, el sastre cargó con el cuerpo y lo abandonó en la oscuridad.

Fue entonces cuando las fábulas enmarcadas comenzaron a tejer su red. El médico judío con el cadáver tropezó, creyendo haberlo matado, con premura y cobardía en casa del intendente del rey, lo ocultó. Este, a su vez, creyendo que era un ladrón, después de tremenda golpiza a la calle lo arrojó. Allí, un joven cristiano lo recogió, y al tropezar con su manto; la guardia lo descubrió y, acusándolo de ladrón, ante el juez lo presentó y éste lo sentenció.

La verdad, la paciencia y el perdón iluminan las estrellas.

El momento cumbre llegó, cuando la soga al cuello del cristiano se ajustó, el sastre hacia la multitud corrió y su pecado así reveló. Entonces el médico judío, reclamando el cuerpo se incriminó, y el intendente hizo lo mismo, y su acto confesó. Asombrado por tan enredada madeja de culpas, increíblemente confesadas, el rey pidió la verdad para entender tal enredo, y al no poderlo aclarar sus vidas pagarán.

Pidió la palabra el entonces barbero real, hombre de elocuencia sin par, solicitando permiso para su propia odisea narrar. El barbero comenzó a relatar, a modo de lección y fábula, las desventuras de sus seis hermanos, cuyas suertes forjaron en sus destinos continuo vaivén fatal:

Bacbuc, el cojo. Su oficio ha sido el de sastre en Bagdad.
El-Haddar, porque muge como un camello. Oficio no tiene ninguno.
Bacbac, el ciego. Mendigo de oficio.
El-Kuz, el tuerto. Ejercía en Bagdad el oficio de carnicero.
El-Archar, al que le cortaron la nariz y las orejas. Es muy perezoso de día, pero de noche desempeña cualquier comisión.
Scha kalik, al que le cortaron los labios. Él vivía de las limosnas de la gente por sus chistosas ocurrencias.

Víctimas cada uno de su propio destino, erraron por la vida buscando la riqueza en un equivocado camino. Sus cuentos interminables hicieron reír al sultán, demostrando que la existencia humana se mueve entre bromas, comedia y fatalidad. Tras escuchar los relatos, todos los acusados fueron así perdonados, pues la muerte del jorobado fue declarada accidente sin su vida arrebatar. El mismo jorobado para sorpresa de todos, revivió al expulsar, la hiriente espina mortal.

Moraleja

Guardaos de actuar a la ligera ante el infortunio y la fatalidad, pues el encubrimiento de un error solo engendra más falsedad.

La prisa y la culpa ciega llevan a juicios llenos de falsas huellas, mientras que la verdad, la paciencia y el perdón iluminan las estrellas.

El destino es un río caprichoso donde el hombre no debe forzar el curso, pues la risa y la comprensión son siempre el mejor recurso.

Saga · Mis Noches de Desvelo con Schehrazada
Sigue el hilo de las mil y una noches
Edición ilustrada · Las Mil y Una Noches
Documento original: Capítulo V · Historia del jorobado PDF
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Juan José Montes Noriega — El glotón metiche. · eltatagloton@gmail.com

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